Para algunas personas la soledad es tan cómoda como una segunda piel. Para otras es una real y auténtica tortura. Pero estar a solas no es lo mismo que sentir soledad (algo que puede suceder incluso estando en una habitación llena de gente). Seas o no un ermitaño, te sorprenderán los cambios en tu creatividad, paz interior y relaciones cuando cultivas tu lado solitario. De hecho, aprender a abrazar y explorar la soledad podría llevarte al santo grial de la vida contemporánea: el equilibro.
¿Te has dado cuenta de que mientras más ocupadas y frenéticas son nuestras vidas, más citas y juntas agendamos y más aparatos ruidosos tenemos que atender constantemente? ¿Realmente necesitas tener cerca a tus 852 “amigos” todo el tiempo? Las oportunidades para contactar son infinitas, y para desconectarse son pocas. Desconéctate y recarga.
Haz que cada papel que juegas en tu vida se desvanezca, como si fueran capas de ropa asfixiante de invierno. Pasa tiempo sin ser madre o esposa o amiga o empleada o jefa o hija; olvida tu identidad de “la graciosa”, “la confiable” o “la que necesita complacer a todos todo el tiempo”. Con lo que te quedas eres tú. ¿Cuándo fue la última vez que estuviste en una habitación a solas? Si no lo recuerdas, lo necesitas. Disfrútalo.
No tenemos que estar “logrando” algo o hablando con alguien cada segundo de cada día. Estar a solas no es tiempo inactivo, y ciertamente no es tiempo “perdido”. Con más frecuencia de la que se cree, es el momento mágico en el cual surgen las ideas geniales.
¿No eres solitario de nacimiento? Practica. Agenda un momento específico para disfrutar de tu propia compañía. Una cita para ti y contigo. Ve a un museo o almuerza en un café al aire libre. Te irás sintiendo cada vez más en casa con la soledad y te darás cuenta de que tu tiempo es precisamente eso: tuyo.
Si te encanta estar a solas, tienes compañía. Algunos famosos introvertidos han sido Joe DiMaggio, los científicos Isaac Newton y Albert Einstein, el recluso literario J.D. Salinger y el multimillonario Howard Hughes. Y a pesar de que siempre se le ha ligado con la frase “Quiero estar sola”, de la película Grand Hotel, la actriz Greta Garbo aclaró: “Nunca dije que quería estar sola, dije que quería que me dejaran sola. Una gran diferencia”.
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