Además de aliviar la indigestión y calmar los espasmos estomacales, la acción del mentol presente en la menta descongestiona las vías respiratorias y adelgaza la mucosidad, por lo que es un ingrediente clave en los remedios para la tos y los resfriados. También es un componente ideal en remedios caseros para calmar las irritaciones y la picazón en la piel.
Se han identificado más de un centenar de compuestos en la menta. Como ocurre con todas las plantas medicinales, su composición exacta puede variar, dependiendo de dónde y cómo se cultivó la planta y de qué variedad en particular se trate, ya que existen cientos de “mentas”.
En general, cualquier tipo de menta contiene mentol, un aceite volátil que relaja los espasmos intestinales, alivia el dolor abdominal y actúa como descongestivo y calmante tópico del dolor. También contiene los flavonoides rutina, luteolina, hesperidina y eriocitrina, que tienen propiedades antivirales y antioxidantes.
Si buscas un apoyo digestivo, la menta es difícil de superar, a pesar de que se han llevado a cabo pocos estudios clínicos sobre esta hierba. En vez de centrarse en sus hojas, la mayoría de los estudios se han enfocado en el aceite esencial y su capacidad de aliviar los síntomas del síndrome del colon irritable.
Se consigue té de menta en tiendas y supermercados. El aceite esencial de menta es uno de los básicos en todo kit de aromaterapia.
Es muy fácil cultivar menta… quizá demasiado fácil, por lo que se reco- mienda plantarla en macetas, no en arriates, pues tiende a invadir todo el jardín. Esta planta prefiere el sol directo, o al menos parcialmente directo, y un suelo permeable. Utiliza las hojas para preparar infusiones, hacer agua fresca, decorar postres o añadir sabor a verduras y sofritos.
Cuenta el mito griego que cuando el dios Plutón se enamoró de la ninfa Mente, en un arranque de celos su esposa, Proserpina, convirtió a la joven en la planta que conocemos hoy. Fue el filósofo y botánico griego Teofrasto quien le dio a la menta su nombre.
Los romanos la utilizaban en sus guisos y los griegos recurrían a ella como un remedio reconstituyente, algo así como las sales aromáticas. El botánico y médico británico del siglo XVII, Nicholas Culpeper, decía de la menta que era “especialmente buena” para aliviar más de 40 condiciones de salud; una de sus recomendaciones era usarla para tratar el dolor de cabeza, algo que fue comprobado en un pequeño estudio realizado en 1994.
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