Muchas de las prácticas y remedios antiguos que se utilizaban para tratar diversas dolencias se basaban en el conocimiento profundo de las propiedades curativas de las plantas, minerales y otros elementos naturales.
Cuando los abuelos nos hablan de los viejos tiempos, quizá no recuerden lo hábiles que eran para remediar resfriados, rasguños o dolores de muelas. Pero durante miles de años, excepto en emergencias serias, todos necesitaban tener al menos conocimientos básicos para preservar y proteger la salud de su familia. Eso significaba aprender remedios y curar con cualquier cosa que tuvieran a la mano. Y, por extrañas que suenen algunas de esas viejas curas hoy en día, resulta que nuestros antepasados sabían muy bien lo que hacían.
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Los remedios caseros funcionaban, y todavía lo hacen. Entonces, ¿por qué se usan tan poco en la actualidad? Con el tiempo, a medida que los investigado- res iban descubriendo nuevos medicamentos, tratamientos y procedimientos eficaces para remediar enfermedades y lesiones, perdimos la necesidad —así como el conocimiento y la confianza— de tratar problemas de salud co- munes con remedios caseros. En lugar de ello, hemos llegado a depender mucho más de las píldoras, los médicos y las curas comerciales para todo lo que nos aqueja.
Pero las cosas están cambiando de nuevo. En todo el mundo, los expertos han explorado y confirmado el poder curativo de muchos de nuestros artículos de despensa favoritos. En estos tiempos tan costosos y complicados, es de sentido común redescubrir los antiguos remedios caseros para tratar ciertos males simples pero molestos.
Aquí te ofrecemos remedios seguros y económicos para evitar o curar aquellas afecciones que más nos aquejan con las frías temperaturas invernales. Por ejemplo: ¿tienes tos? Un té preparado con tomillo seco de tu despensa puede librarte de ella en uno o dos días.
Dicho esto, al igual que con los medicamentos farmacológicos, no todos los remedios funcionan para todo el mundo, pero es menos probable que te cuesten una fortuna o tengan efectos secundarios desagradables.
Si los remedios caseros se usaron durante años, es porque daban resultados. Pero siem- pre puede haber efectos colaterales, interacción con fármacos o, simplemente, no ser el remedio adecuado para ti. Por ello, procede con cautela en estos casos:
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Sin importar cuánto confiemos en los remedios caseros, tampoco se trata de darle la espalda a la medicina científica. Lo que la mayoría buscamos es tener lo mejor de ambos mundos: la tecnología de punta de la medicina alópata combinada con los remedios naturales de los que dependían las generaciones previas. Como señalan los expertos: si sufres un infarto o te rompes una pierna, querrás lo mejor que la ciencia médica te puede ofrecer.
Pero si padeces una afección crónica, quizá prefieras un tratamiento que fusione los remedios caseros con la medicina tradicional. A esto se le conoce como medicina integral (o medicina integrativa) y tiene todo el sentido del mundo. Coméntale a tu doctora de cabecera que te interesa usar las opciones naturales recomendadas para tu condición específica.
Casi todos los remedios se hacen a base de productos que se encuentran en los anaqueles de cualquier alacena, aunque en ocasiones incluimos ingredientes que quizá no tengas, pero que son fáciles de conseguir y son necesarios para ciertas recetas.
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