Un estudio efectuado entre 1989 y 1991 en el Instituto de Psiquiatría en Londres ha demostrado que hay un claro vínculo entre ansiedad, estrés y el desarrollo de anorexia nerviosa y bulimia nerviosa. Estas investigaciones indican que los sucesos dramáticos de la vida (una muerte en la familia o un divorcio) desencadenan un trastorno alimentario en el 75% de los casos. Otro estudio efectuado poco después en ese mismo sitio detectó que las mujeres con estos trastornos eran menos propensas a responder bien al estrés que aquellas sin trastornos.
El estrés y la ansiedad que causan una alimentación anormal podrían deberse a situaciones como abuso sexual o mental, conflicto parental, problemas en el trabajo o la escuela, presión de entrenadores deportivos o la influencia de los ideales sociales relacionados con la forma del cuerpo.
La víctima cae en un ciclo de depresión y baja autoestima que expresa a través de la preocupación por su peso. Se obsesiona con la imagen corporal y se fija metas de peso poco realistas. Una vez que la persona asocia la imagen corporal y la alimentación con el ánimo y la autoestima, podría caer en un círculo vicioso de dieta extrema o atracones, con el subsecuente desprecio por sí misma.
Los enfermos podrían ver la pérdida de peso como la solución a sus problemas y pensar que, al controlar estrictamente su alimentación, se están haciendo cargo de sus dificultades emocionales o psicológicas.
Todos los trastornos alimentarios son potencialmente peligrosos porque es poco probable que las víctimas se ayuden a sí mismas, pues con frecuencia niegan tener un problema. La mayoría de los tratamientos buscan romper el círculo vicioso de negatividad, y hacen énfasis en orientación psicológica y nutricional.
Si tu dieta y lo que comes empiezan a interferir con tus actividades diarias, y permanentemente piensas en comida y en abstenerte de comer, podrías haber desarrollado un trastorno alimentario. Y a pesar de la creencia popular, tener un cuerpo delgado no equivale a un trastorno de este tipo: la línea que separa la determinación de la obsesión respecto a la imagen corporal puede ser muy delgada, y el objetivo incesante de perder peso afecta a cualquiera.
Los médicos se basan en estas preguntas para establecer si una persona tiene un trastorno alimentario:
Si contestas que sí a una o más de estas preguntas, podrías tener anorexia nerviosa, bulimia nerviosa o trastorno por atracón y deberías buscar ayuda.
Se caracteriza por una fuerte pérdida intencional de peso. La víctima a menudo presenta una necesidad compulsiva por hacer ejercicio a fin de mantener su peso tan bajo como sea posible. En la mayoría de los casos, la imagen que la persona tiene de sí misma está peligrosamente distorsionada: se ve gorda, aunque el resto del mundo vea un cuerpo demasiado delgado.
A las mujeres que padecen anorexia nerviosa se les suspende la menstruación (vuelve cuando se recupera un peso normal). Otros riesgos de salud son: desnutrición, mayores probabilidades de fracturas óseas (debido a osteoporosis) y muerte (en casos extremos). Las personas con anorexia suelen ser extremadamente reservadas sobre sus hábitos alimentarios, lo cual dificulta el tratamiento.
Indicios. Las adolescentes son las más propensas a desarrollar este trastorno debido a la presión social por ser flaca, pero los chicos adolescentes y los adultos de ambos sexos también pueden adquirirlo. Los indicios físicos y de comportamiento que sugieren que un ser querido podría tener anorexia son:
Si crees que alguien cercano a ti tiene anorexia nerviosa y no sabes qué hacer, consulta con tu médico de cabecera o habla con un terapeuta profesional.
Esta podría ser difícil de detectar porque las víctimas tienden a tener un peso normal. Se presentan atracones periódicos e incontrolables, seguidos de:
A pesar de que los problemas de salud relacionados con la bulimia suelen ser menos severos que los asociados a la anorexia, siguen siendo graves, e incluyen deshidratación, debilidad, calambres, insuficiencia cardiaca y muerte (en casos extremos). El ácido gástrico del vómito también podría dañar los dientes y el recubrimiento de la garganta.
Esta enfermedad por lo general comienza cuando la víctima tiene entre 16 y 18 años, y la cantidad de mujeres bulímicas ha aumentado desde la década de 1960, al surgir el culto por las dietas. Los hombres y los jóvenes también padecen de bulimia, pero en mucha menor proporción.
Atracarse de comida chatarra en tiempos de estrés puede provocar un círculo vicioso: subes de peso, lo cual te estresa aún más… y recurres de nuevo a la comida para reconfortarte. Estas son algunas estrategias no alimentarias para reducir el estrés.
En el mundo ha aumentado la proporción de niñas y niños prepúberes que ingresan al hospital por un trastorno alimentario. En esta población, tener un peso insuficiente estanca el crecimiento y retrasa la pubertad, problemas que podrían tornarse irreversibles. Por lo tanto, es vital que las niñas y los niños tengan una alimentación sana y balanceada y se les convenza de evitar cualquier tipo de régimen. Si notas que tu hijo está perdiendo peso, debes acudir a consulta médica.
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