Hacer la cama, cambiarnos de ropa y la actividad cotidiana normal generan una gran cantidad de polvo, razón por la cual es necesario sacudir y barrer o aspirar nuestras recámaras con frecuencia. Limpiar tu recámara con frecuencia es importante por varias razones.
En primer lugar, la recámara es el lugar donde pasas varias horas al día, por lo que es importante mantenerlo limpio y ordenado para tener un ambiente saludable y agradable para descansar. Además, una habitación limpia y organizada puede ayudar a reducir el estrés y la ansiedad, ya que un espacio desordenado puede aumentar los niveles de estrés.
No olvides los burós, cajones y cualquier otro lugar donde guardes cosas. De vez en cuando hay que vaciarlos por completo y asearlos. Limpia tu clóset con un paño húmedo al menos dos veces al año; un buen momento para hacerlo es cuando revisas tu ropa al inicio de una nueva estación.
En general, es recomendable limpiar la recámara al menos una vez por semana, incluyendo la limpieza del polvo, el vaciado de la basura, la limpieza de superficies y la organización de los objetos personales. Sin embargo, la frecuencia de la limpieza dependerá de cada persona y su estilo de vida, por lo que es importante encontrar un equilibrio que funcione para ti y mantener tu recámara limpia y ordenada de manera regular.
Vale la pena invertir en ropa de cama de buena calidad, almohadas cómodas, un colchón ortopédico y una base firme. Toma en cuenta que cada quien tiene necesidades distintas; algunas personas sudan por la noche, mientras que otras sienten frío. Elige ropa de cama adecuada a tus hábitos personales de sueño.
En cuanto a los colchones, hay quienes los prefieren firmes, mientras que a otros les gusta algo más suave. Además, es necesario considerar la altura de la cama y, si lo deseas, ajustar el ángulo de la cabecera o la piecera y el tamaño de la recámara. ya que si el espacio es pequeño el colchón debe ajustarse al espacio. Sin importar lo que elijas, recuerda cuidar bien tu cama y mantenerla limpia, para poder disfrutarla muchos años.
En aras de una buena higiene, evita hacer la cama tan pronto como te levantes. Deja que las sábanas se enfríen y oreen un rato, con la ventana abierta de la recámara si es posible. Esto permitirá que se disipe gran parte de la humedad que la ropa de cama absorbió por la noche.
Después de lavarlos, procura secar las colchas y edredones sintéticos o de plumas de manera que no se apelmace el relleno. Lo más recomendable es usar una secadora de ropa, pero la mayoría de estos aparatos domésticos son demasiado pequeños (no tienen espacio suficiente para que las plumas se expandan). Otra opción es llevarlos a una lavandería o tintorería, donde hay máquinas de mayor capacidad.
Mantén tu cama impecable | |
Todos los días | Orea la ropa de cama con la ventana abierta. |
Cada semana | Cambia las sábanas. Si tienes un futón, enróllalo y dale la vuelta. Al voltear un futón con frecuencia, el relleno se distribuye de manera uniforme y evitas la aparición de moho. |
Cada mes | Levanta el colchón, ya sea relleno de plumas, látex o espuma, y limpia bien la base. |
Cada tres meses | Lava las almohadas. |
Dos veces al año | Cambia las colchas o edredones de verano o invierno y dale vuelta al colchón. Si este tiene zonas independientes de firmeza, asegúrate de colocarlas correctamente. |
Cada tres años | Lava los edredones de plumas o llévalos a un servicio profesional de limpieza. |
Cada ocho años | Compra un colchón nuevo, si es posible. |
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